









Nuestra história
Ahora, ahora, ahora

Por Techi
Mi mamá y mi papá siempre llevaban a mi hermana y a mí a conocer lugares hermosos de Brasil y de la Tierra.
Así, desde niña, soñaba con vivir en la selva o en una montaña de mucha paz.
Hoy descubrí que esa montaña de paz y esa selva de vida están dentro de mí.
Conocí a Diego en una montaña de mucha paz donde decidí vivir un tiempo. Se llama Marcahuasi, que significa “La Casa del Protector”. Diego estaba allí para compartir un taller sobre lombrices y compostaje. Nos hicimos amigos. Fui a visitarlo a Tierra Langla, nos encontrábamos en Lima cuando podíamos, y Diego volvió a la Casa del Protector para uno y otro taller más.
En ese momento, yo estaba ante caminos bifurcados, pensaba en ser monja. Al final, estaba en otra relación y regresé a Brasil para dar a luz a Maria.
Diego me escribió algunas veces contándome que soñaba con despedidas, que yo subía un río en busca de su nacimiento. No sé qué significa, pero cuando me escribió eso, sentí que nos volveríamos a encontrar.
Me generaban mucha curiosidad las sincronicidades que sucedían. Como cuando soñé que Diego daba mortales, y esa misma semana él había practicado acrobacias en su casa. O cuando soñé que me enfurecía al verlo andar en moto, y a la semana siguiente se accidentó.
En 2021, le pedí ayuda a Diego para organizar la fundación del Portal Mãe Mirra. En ese momento, me volví a enamorar. Intentamos planear un reencuentro, pero ese mismo año, Diego se enamoró de otra persona y comenzó una relación.
En 2023 tuve un sueño. Soñé que me encontraba con Diego, apoyaba mi cabeza en su pecho y escuchaba mi propio corazón. Al despertar, tenía un mensaje suyo. Sentí que debía volver a encontrarlo.
Le conté el sueño y las ganas de verlo. Me dijo que compraría los pasajes. Y los compramos para el año siguiente. Cuando nos reencontramos, apoyé mi cabeza en su pecho y no supe si escuchaba mi corazón o el suyo. Latían igual.
Llegó el primer beso, luego la relación, y después la decisión: queremos caminar juntos hacia el Amor y crear un campo donde podamos ser nosotros mismos, en nuestra esencia.
Sabemos que el Amor es un jardín vivo, y cada día es momento de preparar el suelo, sembrar, escuchar la tierra y cuidar los brotes. Sabemos que tendremos que observar la sucesión de los fenómenos, del sol y la lluvia, del verano y el invierno, de los tiempos luminosos y también de los oscuros. Es en el cultivo cotidiano donde florece la vida que elegimos vivir.
Cuanto más profundamente nos miramos, vemos un Sol en el otro: el mismo Sol. Yo soy Tú.
Gracias a mi mamá y a mi babcia, aprendí que lo más importante en una relación es el Amor. Y más allá de eso, que lo esencial es primero el Amor hacia Dios, hacia la Creación, hacia el Amor Universal.
Caminar hacia el Amor también es restaurar su dimensión espiritual: dejar atrás la idea de una personalidad limitada —con su capacidad restringida de amar— y reconectar con el Ser Superior, que tiene una capacidad infinita de amar, rompiendo las divisiones que nuestras percepciones de identidad han creado.
Porque a nivel del ego, dos personas no pueden desear lo mismo todo el tiempo.
Pero a nivel del espíritu, no pueden evitar desear exactamente lo mismo todo el tiempo.
Y cuando la muerte nos encuentre, que nos encuentre vivos.
Por Diego
“Estar vivo es una gran celebración.” Desde niño, mis abuelas y mis padres me mostraron que vivir es estar en una gran fiesta a la que todos estamos invitados. Y que depende de cada uno, quedarse sentado o pararse a bailar y disfrutar de la compañía.
Los recuerdos más antiguos que tengo son de mis abuelas, de mi madre y de mi padre. Sus rostros aparecen en mi mente y al pensarlos, mi corazón empieza a latir más fuerte y rápido. Y, hoy que escribo estas palabras, me doy cuenta que por fin sé que, lo que me entregaron, cada día desde que nací, es amor. Ahora que pienso en ellos y en cada palabra o acción que recibí, mis ojos se llenan de lágrimas en agradecimiento. Me doy cuenta que mis abuelas y mis padres lograron tener lo que todos en este mundo deseamos: una familia realmente feliz.
Amo a mis abuelas. Amo a mis padres. Amo a mi hermano y a mi hermana. Amo a mis primos, tíos y a toda mi familia. Son seres que, desde el primer día en que vi la luz del sol, me quisieron, me acompañaron, me apoyaron, me soportaron y me amaron. Ahora que soy adulto, me doy cuenta de lo que hicieron por mi y siento infinita gratitud a la familia en la que me tocó nacer.
Una tarde, hace 8 años, en la que visitaba una montaña, el sol ya se despedía y todo oscurecía rápido. Yo caminé hacia donde estaban reunidos mis amigos charlando alumbrados por una vela; pero, antes de llegar, escuché un canto, una voz que atravesó mis sentidos. Me quedé quieto escuchando, mirando la poca luz del cielo y sentí, como si toda mi vida la había vivido sólo para escuchar aquella canción esa noche. Mi cabeza quería saber quién era ese ser, esa criatura que cantaba. Pero no podía verla en la oscuridad; me tocó intuir quién era y dedicarme a disfrutar de su voz.
Yo me enamoré de ella antes que mi mente se diera cuenta. Estar cerca suyo o escucharla me hacían sentir que bailaba y celebraba la vida. Nuestras decisiones y el tiempo nos alejaron varios años. Pero el corazón no olvida. Y al verla salir del aeropuerto, luego de 5 años, sucedió nuevamente: me sentí pleno. Vi sus ojos, la escuché decir mi nombre, vi a un hermoso ser que la acompañaba, y me sentí como me sentía de niño, lleno de amor.
Desde hace meses, me despierto y, muchas veces, no puedo creer lo que estoy viviendo. Me levanto, en medio de la selva, y al lado de los 2 seres que amo. Abro los ojos y ellas me llenan de besos y caricias. Escucho la voz de la cual que me enamoré, veo los ojos de los que me enamoré y siento la piel de la mujer que amo; todo multiplicado por dos. Ellas me hacen sentir lo que mis abuelas y mis padres me entregaron.
Encontré el amor de mi vida; los amores de mi vida. Hoy, los tres somos uno: una familia. María y sus futuros hermanos son los seres a los que entregaré lo más preciado que recibí desde niño, todo lo que me enseñaron mis abuelas y mis padres. Y Stefanie es el ser con quien envejeceré, con quien daré vida nuevos seres y con quien terminaré de descubrir lo que es el amor.
Hoy, ahora, aprovecho este texto para decirle a mis abuelas y a mis padres: “Lo lograron. Lo lograste Toyita, lo lograste Cochita, lo lograste papá, lo lograste mamá: Soy feliz. Gracias”. Y Techi: “Bailemos juntos lo que queda de vida”.
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